El pato macho 5. Bicicletas Martínez.

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Roger dijo que extrañaba su Trek. "La Giant que vas a usar", le aseguró Pedro, "es una gran máquina". Y no mentía. Le sacó provecho a razón de 30 kilómetros diarios y la bicla enterita, los cambios suaves, estable, fuerte, ligera y roja. No le costó más de dos pedalazos encariñarse con ella.
Hizo las rutas que Pedro le aconsejó. Tuvo un momento gozoso cuando entró a Arrazola por el lecho del río. De trecho en trecho y en direcciones caprichosas haces de luz solar invadían la penumbra de un túnel de carrizos de varios centenares de metros y caían en el cauce seco como lunares exquistos. Pedalear en la arena era muy difícil y se cayó varias veces en el suelo blando, riéndose como cuando de niño jugaba a solas. Invadió sin saberlo el patio trasero de la casa de unos artesanos, a quienes compró un alebrije de madera y formas alucinantes, como un sapo de Yagul pero flaco y multicolor, que se asoleaba en el asiento de una silla. Siguió el camino hasta Cuilapam, donde se entretuvo en los campos al sur del poblado, recorriendo las pirámides escondidas entre las milpas.
Otro día desayunó una empanada de mole verde en Tule y pedaleó, vía Güendulain, hasta Tlacochahuaya primero y en seguida hasta Teotitlán del Valle, pasando por Xochiquetzal donde se cruzó con un entierro: coheteros, banda de platillo, bombo y metales, el sacerdote, el ataúd, las plañideras, la familia acongojada y en la retaguardia los varones del pueblo, cada cuál con una botella en la mano y empinando el codo cada tres metros. Por el rumbo de Atzompa, al noreste del valle, rodando en la Giant, encontró el rancho que era justo igual al de sus sueños y lo bautizó como Las codornices, por el número de estas aves que encontró en el sitio.
No tuvo mejor día que otro durante esas vacaciones, cuando deshacerse de Sasha fue la invitación al viaje. Y la culichi nunca se enteró que Roger se olvidó de ella cuando un joto lo abordó en la Alameda oaxqueña. Su intención era llevárselo a la cama (se lo dijo directa y seductoramente: "te hago un oral rico"), pero nada le favorecía al feíto de Tepozcolula, ni el ánimo deRoger ni el antecedente de que hubiera sido la reina gay de Oaxaca un año antes, le presumió moviéndose como muchacha mixteca. Pero cuando le comentó que su nombre era Sasha, Roger casi se atraganta de risa. "Gracias, mi gay", le dijo mesándole el pelo y casi lo besa del puro gusto, porque de repente, all about Sasha, ¡pop!

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