lunes, septiembre 21, 2009

Alberto Piug

Como el amor, la muerte es una experiencia común a todos.

La transparencia debe ser la condición predominante en el estado de la muerte.

Hace unos día ví morir a mi amigo Alberto Puig.

Sus últimas horas, las que pasé a su lado asistiéndolo, provocaron, luego del final, una marea negra que inundó todos los aspectos de mi vida; este es el motivo de estas letras. Creo que escribiendo drenaré hasta donde sea posible mi melancolía.

Por que es verdad que la tristeza del alma, el humor saturnino, es como una pus del espíritu.

Alberto. Lo conocí hace treinta años en una exposición de automóviles.

No recuerdo que fue lo que nos llevó a hablarnos, pero minutos después de conocernos nos subimos a su volkswagen y mientras él maniobraba para salir del estacionamiento, yo encendía un cigarro de mariguana. En el autoestéreo ya sonaba un caset de Led Zeppelin, música que ahora irremediablemente quedará unida a su recuerdo.

Ni modo; al parecer relacionar objetos, lugares, música, comida, con los difuntos es una ligadura que automáticamente se establece en la memoria.

Poco después de habernos conocido, Alberto me llevó por primera vez a comer hongos alucinógenos. En cierto sentido, lo que "aprendí" en esa primera experiencia, conocimiento que se afianzó en todas mis experiencias alucinógenas posteriores, tuvo su realización el día de su muerte y en la manera en la que murió mi amigo. 

San Pedro Tlanisco, donde comíamos hongos, fue nuestro Eleusis; ahí aprendimos lo mismo que los griegos en aquél santuario a extramuros de Atenas: se nos develó el misterio de la muerte.

Y como a los griegos, a los iniciados la experiencia se nos está, por decirlo de alguna manera, prohibido repetir a los legos; pero la cruda verdad es que lo que se ve y se entiende es inenarrable. La visión tiene la condición del sueño; en la conciencia se desvanece y la memoria la transforma en anécdota.

La muerte de Alberto fue muy violenta. Murió en su cama, por su voluntad sin asistencia médica. Era psiquiátra, como médico sabía lo que le esperaba si no recibía la mínima atención calificada; pero él lo quiso así y se cumplió su voluntad. Murió rodeado de sus hermanos y amigos; nos sometió a la cruel experiencia de verlo agonizar y nopoder hacer nada más que limpiar la sangre y todos los líquidos y secresiones que le salían por todos los orificios del cuerpo.






lunes, julio 30, 2007

ROGER Y EL HEADHUNTER

Léelo este fin de semana. ¡No te lo pierdas!

lunes, mayo 14, 2007

El destino


Roger vuelve por sus fueros. Estuvo ocupado porque su autor lo sacó de quicio llevándolo a desempeñar un cargo ejecutivo y él, siendo quién es y acostumbrado a nunca trabajar para otros sino con otros, hizo la gestión a su manera y salió de pleito con la dueña del lugar porque ella desconfió de él (“debió ser buena psicóloga al contratarme y no después”), cosa que lo puso furibundo. Para ser Roger, hemos de reconocer que no fue descortés al final del episodio, sólo la llevó a juicio e hizo que pagara lo que le debía y hasta un poco más. A ella le dolió hacerlo y él estuvo contento, dice Roger cuando lo platica, “para mí dejó de existir. Carajo, me cayó gorda sobre todo porque por su culpa durante un tiempo me sentí antisemita”. Y bueno, auque nada justifica el sentimiento, su arrebato no perjudicó a nadie, ya sabemos como es él y aceptémoslo de regreso.

Un día recibió un mail de Martina y por poco sufre un paro cardíaco. “La muy zorra, haciendo mil requiebros sintácticos y con toda la saña del mundo, me contó que cuando terminamos ya me estaba cambiando por otro... imagínate, me puso en la balanza al lado de un hijo de perra y lo prefirió a él, cuando mis huevos pesan más que los de cualquiera”, contaba a quien se encontraba en su camino y todo mundo le decía que no pensara en ello porque además hacía ya un año que había sucedido. Pero Roger se obsesionó con la idea de haber sido traicionado y al cabo todos le sacaban la vuelta para no escuchar más aquella su versión, que a muy pocos les parecía verosímil. Luego se olvidó de sus males de amor con Martina hasta que un domingo cuando andaba de solitario y romanticón, recordó y le envió, ahora a Sasha, un mensaje de texto por el celular. Ella le respondió: “Roger, por más que me esfuerzo no encuentro una razón que me haga querer verte, mucho menos volver contigo. No insistas más y déjame seguir mi vida que estoy enamorada de un buen hombre que en nada se parece a ti. Y el mes que entra nos vamos a vivir juntos”.

Para qué hacer la reseña de aquel domingo. Roger no es un enchílame otra así que la respuesta de Sasha lo puso como marciano con rabia y decidió joder. Cuando estaba a punto de perpetrar su venganza contra las dos caras del amor que le escupían, —¿de qué se vengaba siendo él como es?— recibió un telefonazo de un desconocido que lo invitaba a cenar esa noche. Roger olvidó todo y se lanzó a lo desconocido, que era lo que más le atraía en el mundo, aún más que el crimen o el amor.

miércoles, octubre 25, 2006

El Rayo Macoy has just left the building


En este trance, Roger calla y yo tomo la palabra:

Pocas veces, Madrina, me conmueven tus apariciones, tú me conoces, pero en esta, mi Canija, en esta sí que me sacaste de onda gacho. Pero como cuando te vas ya no queda sino apechugar... bueno, al menos te llevaste a El Rayo en una hora muy torera...
"A las cinco de la tarde...
¡Eran las cinco en todos los relojes!"
FGL

Mientras pongo en orden mis papeles, rescato algunos e-mails del querido maestro, y ya luego que "mis letras" hablen de él:

Datos adjuntos:
TítulosNovelaSur (0.03 MB)
From: Rafael Ramirez Heredia Reply To: rrayo@data.net.mx To: Gonzalo Pozo Subject: Gran saludo Sent: Martes, 26 de Noviembre de 2002 06:26:34 p.m.
Querido Gonzalo:
Adjuntos van los títulos que he encontrado sobre la novela del sur.
Espero tus comentarios.
Con Marisol quedé de acuerdo que contigo discutiría este asunto.
En espera de tus letras, te mando mi agradecido afecto.
RRH

From: Rafael Ramirez Heredia Reply To: rrayo@data.net.mx To: Gonzalo Pozo Subject: saludos y abrazos Sent: Lunes, 10 de Mayo de 2004 05:07:09 p.m.
Querido Gonzalo:
Para comentarte que mañana martes me marcho a Europa para una gira de
promoción por la salida en España de mi nueva novela: "La Mara " que ya
en México circula en las librerías.
Asunto chiapaneco que supongo te podrá interesar ya que tú fuiste el
padrino.
Un abrazo de
Rafael Ramírez Heredia

From: ?ISO-8859-1?Q?Rafael_Ramírez_Heredia? To: Gonzalo Pozo Subject: saludos Sent: Miércoles, 20 de Abril de 2005 06:08:43 p.m.
Querido Gonzalo:
Te mando mi nuevo correo electrónico, por favor no lo hagas circular
pues ya sabes que pronto se llena uno de mensajes chatarra y de mil
tonterías.
Espero me entiendas, ya estoy hasta la coronilla de mensajes seudo
solidarios, chistes, cadenas, propaganda, y un enorme etcétera.
Un abrazo de
Rafael Ramírez Heredia

De:
Rafael Ramírez Heredia
Enviado el:
Martes, 01 de Noviembre de 2005 09:03:20 p.m.
Para:
"gonzalo pozo pietra santa"
Asunto:
Re: GRAN ESTRENO DE MI CABARET CALACA

Bandeja de entrada
Querido y admirado Gonzalo: Te deseo lo mejor, estoy seguro que así será dado tu talento y esfuerzo. Por desgracia no podré acompañarte pues tengo un compromiso ya establecido y al que no puedo faltar. ¿ No habrá alguna otra función, por supuesto en otra noche ? Recibe mi siempre cariño y mil abrazos. Rafael Ramírez Heredia
Y Roger me susurra al oído: "pues ahora sí, el muy cabrón de tu amigo Rafael ha de estar diviertiendo a La Guadalupana". Y por culero lo mando de nuevo a El Cajón.

domingo, octubre 15, 2006

El pato macho 10. El Cajón II

Roger y Lars, el fotógrafo, se miraron entre sí con cara de niños que acaban de recibir un regalo sorpresa, y eso precisamente era lo que tenían en sus manos. Alguien había tocado a la puerta del cuarto de Lars, el fotógrafo, en la casa de visitas de la P. H. El Cajón, mientras ambos revisaban el trabajo que habían hecho durante el día. Cuando Roger abrió, sólo encontró un sobre amarillo tamaño esquela sin rótulo y sin sello y en su interior una batería duracell tipo A, de las grandes.
Lars, el fotógrafo, y él sabían lo que significaba una batería de esas. La razón de su cara de incrédula alegría era porque pocas horas antes, X, del SUTERM, les había contado, entre otras historias bizarras que hacieron que Roger salivara pavlovianamente, la forma en como se contrabandeaba el opio en la sierra nayarita. Una vez cosechada y comprimida, la goma era embalada dentro de las baterías y transportada discretamente escondida en los cinturones de los arrieros que todos los días bajan con sus recuas de mulas por los vericuetos de la sierra madre a vender enseres cotidianos, algún ganado, legumbres y ciruelos a Jala o a Ixtlán, a la usanza decimonónica, que además es el tiempo que viven muchas comunidades de la zona. Tal es la marginación que abunda en este El País de la Desigualdad.
Las visitas a Nayarit habían sensibilizado a Roger porque atestiguaba lo que es y como se vive la exclusión. Le impresionó mucho ver como, por ejemplo, en una de las comunidades serranas que visitó, los niños limpiaban y empaquetaban tremendas y esmeraldinas "colas" de mariguana, en el interior del salón de clases, mientras su profesora les contaba la historia del cora Manuel Lozada, el tigre de Álica, nahual, contrabandista, sicario y cómplice de la casa Barrón, quién había terminado con la dependencia que tenía el territorio de Nayarit con Jalisco para llevarlo a ser uno más de los estados de la federación. También había recorrido en helicóptero muchos de los cuatro mil y tantos kilómetros cuadrados del municipio de La Yesca en compañía de su presidenta municipal, la guapísima e inteligente Licho Reyes, comprobando que aunada a su geografía gordiana, la carencia de medios y la imposibilidad de adquirir una infraestructura adecuada, condenaba a ese agreste y majestuoso municipio al atraso, casi per sécula seculorum. Tal vez El Cajón, y todo el sistema hidroeléctrico proyectado para los próximos cincuenta años sobre el río Santiago, contribuyera a hacer la diferencia. El escepticismo de Roger en cierto momento chocó con el optimismo de Licho, y nuestro amigo, política y caballerosamente, mejor calló. La cabecera municipal, de ígneo nombre La Yesca, un pueblo de los más hermosos que hubiera conocido Roger, con toda el potencial escénico y arquitectónico para ser un Taxco, un Guanajuato, un Jerez, ya de perdida un mentido y contrastante San Cristóbal el hermoso, quedaba a más de cinco horas por caminos de terracerías desde la ciudad de Guadalajara, así que sólo los aventureros con nalgas de supermán aguantan el trayecto sin descoyuntarse... o también aquellos quienes tengan avioneta o helicóptero, que son los muchísimo menos en cualquier parte de este país, casi ninguno volamos con alas propias a no ser en sueños, y en esa zona quienes usan estos medios de transporte son los funcionarios gubernamentales o los narcotraficantes. Y vaya usted a saber.
Era la época en que Roger andaba enculado, y disculpen, lectobloggers, la expresión, pero estaba superlativamente más que ello, iba por la vida enculadísimo de Martina, superapendejado. Y Martina de él, obvio, pero ella muy a su modo. Y el modo de ciertas y de todas las mujeres así como es gozoso en otras circunstancias es cruel. Y vaya si Roger lo sabía; en lo poco que le quedaba de alma, aún tenía marcas de los golpes de desamor que le habían propinado tantas mujeres, pero sobre todo Tristana, y lo de Tristana había ocurrido ya bastantes años atrás. Tristana...
Roger tuvo un "opium flash back" tan vívido que hasta olió a ives saint laurent. Lars, el fotógrafo, había desaparecido; El Vikingo estaba fuera de su rango de onda. Roger miraba la pared que hacía de pantalla. El nombre de Tristana había cobrado forma cuando salió de sus labios, la palabra: ella tal y como él la almacenaba Roger en su memoria. Un signo con esa sonoridad dental oclusiva sonora y rimbombante tan claro como una caligrafía japonesa en fino papel de arroz o como un poema sufí en estucado persa: letras al abandono y al mismo tiempo el número que le corresponde al trono de D en el gobierno de la tierra. Se levantó de la cama donde estaba alucinando y salió a la oscuridad de la sierra. Pura risa. Y de pronto adiós Tristana y el nombre de Martina se volvió canción:
L'amour est un oiseau rebelle
...
L'amour! l'amour! l'amour! l'amour!
...
L'oiseau que tu croyais surprendre
battit de l'aile et s'envola...
Tout autour de toi, vite, vite,
il vient, s'en va, puis il revient ...
tu crois le tenir, il t'évite,
tu crois l'éviter, il te tient...
L'amour! l'amour!, lamour, l'amour!
Y Roger alcanzó tesitura de soprano y con las neuronas atascadas de opio, se perdió entre los zarzales cantado la Habanera de Bizet bajo la noche serrana. Luego se avergonzaría sí mismo por haber sido tamaño maricón. Pero este es uno de los infinitos y misterious ways of the intoxication, y más de la intoxication que provoca el néctar negro de la amapola: un yo no fui pero así soy y un quítate las pajas que ahí te voy.

miércoles, octubre 11, 2006

Este blog está dedicado a...



Roger tiene un amigo terrorista, Harum, que radica en Gotemburgo, Suecia. Una ocasión que Roger visitaba a Harum conoció, en casa de éste, a un personaje singularísimo y entrañable, cuyo nombre es Alo (Mario I. Hernádez Chárraga). A él, y sólo a él, está dedicado este blog.

miércoles, septiembre 27, 2006

El árbol de Tamatz

viernes, septiembre 22, 2006

El pato macho 9bis. Los viejos huicholes

Roger se estremeció cuando Juana de la Cruz apartó la maleza seca con gesto dramático y dejó al descubierto la entrada de la cueva. No solamente fue esa mezcla de alegría y tímida reverencia que suscita el reencuentro con la oscura boca de Leuké, la única potencia a quien Roger tiene en cuenta, sino que por encima de otro sentimiento recibió la ansiada caricia, el toque electrizante del misterio que calmó por unos momentos su inquietud (recordar que he can't get no satisfaction) al verse partícipe de un hecho reservado para quienes se afanan en perseguir su grial, "si hubiera alguien a quien rendir esta oportunidad, pero tú Señora, te muestras insensible a las emociones de tus hijos, oh Devoradora". Roger asió las ramas del huizache que Juana de la Cruz detenía para que Roger pasara y, caballerosamente, cedió el paso a la dama que en todo adelantaba a nuestro amigo, quien comenzaba a mostrarse humilde.

martes, septiembre 19, 2006

El pato macho 9. Los viejos huicholes


Desde hace muchos años, Roger tiene una luna que llora peyotes colgada en una pared de su casa. Está hecha con estambres de colores pegados con brea sobre una placa de madera. La firma es de Refugio González, marakame y amigo suyo. Estas pinturas de estambre las realizan los artistas huicholes y se llaman nierikas, y Roger estima la suya como si fuera una Mona Lisa: ciertamente la obra destila una melancolía muy emparentada con el agua. Siendo como es, displiscente y mamón, Roger puede gustar del arte huichol pero no del londinense, despreciar a Watteau, querer a Rothko y a Picasso, cagarse en Diego y en su Frida, amar a Rugendas con locura, burlarse del Canaletto y por Cuevas sentir lo que siente en sus crudas, y extrañamente idolatrar a Leonardo, cuya contemplación en las láminas de un libro, siempre la acompaña de alguna pasión de Bach (y un XO que reserva para ocasiones similares). Para mayores datos sobre sus gustos plásticos, siempre tiene algún Goeritz en el protector de pantalla de su computadora portátil, "el hombre pintó los mejores paisajes de la ciudad de México", afirma.
Doscientos metros más abajo de la Mesa de Yeguas, metros arriba de un playón del río Santiago, está la Mesa de Venados, donde viven doña Juana de la Cruz y su esposo don Francisco. Entreambos suman muchísimas décadas, no saben precisar cuántas. "Yo nací antes del treinta, así que he de tener como cincuenta años", dice don Francisco enseñando los huecos de sus encías.
No es de extrañar que le fallen las sumas, pues si hoy los niños de la Mesa de Yeguas una vez al mes reciben el favor de la visita del maestro, antes del año treinta del siglo pasado, "uta", exclama Roger para sí imaginando lo que debieron ser esas soledades en aquellos años, "estos abuelos seguro vieron inventarse el cero". Roger escucha sin dar crédito de la distancia que lo separa de la anciana huichol; mientras mastica una vaina de guaje le platica al citadino algo que por hiperreal le parece inverosímil.
Una vez al mes, Juana de la Cruz toma sus bártulos, que no son muchos, y se encamina a pie a El Buruato, donde recoge y cobra un cheque de doscientos pesos del programa Oportunidades, eso cuando el cheque llegó y no tiene que regresar otro día, tal vez hasta el mes siguiente. El viaje desde la Mesa de Venados hasta El Buruato dura un día, y otro de regreso, que Juana de la Cruz a sus ochenta años recorre sin quejarse pues está acostumbrada a bajar por cañadas y breñales y a subir cuestas que las mismas cabras encuentran imposibles. Pero desde hace unos meses dice que ya se siente cansada. Además, en las dos ocasiones últimas le robaron su dinero, una saliendo del pueblo donde cobra su pensión, y otra en su propia casa: "Algún huichol joven que necesitaba con qué ir a emborracharse a Santa María del Oro. Mi esposo ya no me acompaña hasta El Buruato", dice señalando al anciano que dormita bajo la enramada, "porque sus piernas ya están muy débiles", aunque a Roger le parecen ramas de guanacaste. "Me espera en Cantiles en casa de su sobrino, y ya de ahí nos regresamos juntos." Mesa de Cantiles queda a mitad del camino a El Buruato, así que las piernas de don Francisco no son tan débiles como asegura su esposa, Roger piensa que él no aguantaría la caminata, y menos una vez al mes. Los huicholes no sólo tienen las piernas fuertes, sino también el corazón, cuyo tamaño es el de la sierra madre.
Juana de la Cruz y Francisco han decidido morirse. "Ya es hora de dejar el mundo a los más fuertes", le dijo Francisco recién llegado Roger. Juana sigue masticando guaje (Roger se pregunta si no será un gajo de peyote) y prepara una limonada. "Al rato lo llevo a la cueva, pa'que conozca donde nos vamos a morir él y yo, los dos juntos" y vuelve a mirar a su marido con ternura.
Esta era la sorpresa de Federico Schroeder. Los ancianos huicholes se querían dejar morir para lo cual habían ido a la Mesa de Venados, deshabitada hacía mucho tiempo, porque cerca del sitio hay (o había) una cueva donde acostumbraban retirarse los ancianos huicholes cuando sentían la cercanía de la muerte, y ahora representaban un problema para los ingenieros de la Presa El Cajón, pues la Mesa de Venados quedaría inundada por el embalse en breve.

Uno de ellos morirá por picadura de alacrán

El mes más cruel

El pato macho 8. El Cajón I


Federico Schroeder chocó su vaso largo con Chivas y soda con el de Roger, old fashion con el mismo whisky y dos hielos. "Le tengo una sorpresa para mañana, nos vemos en el helipuerto a las ocho". Era un juebebes, habían visto una película de Anthony Hopkins y Brad Pitt con los otros ingenieros residentes en la presa en el salón de billar de la casa de visitas y ahora la conversación giraba alrededor de las campañas de los candidatos a la presidencia de la república. Roger escuchaba a los demás y trataba de intervenir lo menos, pues su visión del asunto había cambiado por completo desde que, al tiempo que visitaba semanalmente el sitio de la construcción de la presa hidroeléctrica El Cajón en Nayarit, encargado de redactar el esqueleto del texto del libro que glosaría la magna obra de ingeniería, por otro contrato editorial viajaba con el candidato panista Felipe Calderón por el norte del país con la comisión de escribir su biografía, asunto que lo tenía shockado porque sus preferencias políticas apuntaban hacia otra arista de la rosa de los vientos, but business are business, se dijo con neoliberalidad cuando supo el monto del contrato y calibró la oportunidad histórica.
El ingeniero Schroeder, residente general en la construcción de la hidroeléctrica, le simpatizó a Roger desde la primera entrevista y aún más desde que se enteró de que su padre fue Federico S. Inclán, autor de piezas que a nuestro amigo le parecían deliciosas (Hoy invita la Guera o Cada noche muere Julieta), y el ingeniero contribuyó con su personalidad fuerte y agradable a cimentar esa percepción primera que le había causado. "A las ocho, no lo olvide", le dijo cuando se despidieron.
Roger todavía salió a dar una vuelta por los alrededores de la casa de visitas para fumar un cigarro de mariguana; el cielo estrellado de la sierra y el viento caliente que soplaba por el cañón del río Santiago potenciaron la fuerza de la cannabis nayarita, la famosa cola de borrego. Busco un sitio seguro donde sentarse para no disturbar la morada de algún alacrán u otro bicho de ocho patas y se sumergió en sus mediataciones, que empezaba a tener como tema único el de la situación en que se encontraba México. Ante sus ojos se desplegaba futurista la presa en construcción, le parecía una escenografía propia para George Lucas, su ruido extraño, como de Periférico al mediodía, rompía el silencio de la noche serrana. En eso volteó a su derecha y descubrió a un metro de distancia a un tlacuache observándolo con sus ojillos saltones como capulines. Durante unos segundos, el animalillo lo estudió sin miedo, con curiosidad científica, luego olisqueó el aire con gesto despectivo y, moviéndose como un barco en mar agitada, se perdió entre las espinas de los matorrales. "Tierra de nahuales", sonrió Roger. "Ahora ya tengo el mío".

El calihuey de Mesa de Cantiles

Mesa de Yeguas

lunes, septiembre 18, 2006

El pato macho 7. Roger y su demiurgo


El lunes Roger despertó con una jaqueca que le relampagueaba de ceja a quijada a ceja y vuelta abajo con uno de sus vértices restallantes en el colmillo derecho. No sabía el origen cierto de la cefalea, mas podía adjudicárselo a los excesos de las noches anteriores que había pasado celebrando las independencias latinoamericanas con su antiguo cómplice en la asesoría financiera a narcotraficantes, Christian, a quien le dijo al despedirse: "Si México y Venezuela entran en guerra, iré a matarte con un machete, maldito chavista soñador", a lo que el venezolano contestó: "me chupas la pinga, bucanero de pacotilla". Y cuando Roger se quedó solo, volteó los ojos al cielo como si suplicara a su autor que lo dejara salir del blog para ir a hacer negocios sucios justo ahora que nuevamente se agitaban los lodos internacionales pero, en la misma forma que Judas Macabeo, tuvo que contenerse porque se le necesitaba en los asuntos domésticos.
Septiembre estaba a la mitad de sus semanas y todo lo inédito había sucedido en México. Ese lunes de la jaqueca, el país se despertó con la nueva de que tenía tres presidentes; ni en los mejores sainetes santanistas la res pública y sus vaqueros se habían comportado tan cómicamente cerriles, pero en medio de la confusión en los back stages de la política, se vislumbraba la posibilidad de que las cosas tuvieran un término más que beneficioso. "Es tan absurda la forma en como sucede lo inevitable que el curso de los acontecimientos parece haber entrado en una caverna. Sin embargo, no me cabe duda que todo transcurrirá como lo comentamos, esto es, muy pronto de nuevo lo mismo seguirá imperando. Pero no hay que olvidar que Godot puede escupir pa'rriba y su gargajo caernos en la cara", escribió, intentando ser críptico, en la palm que siempre carga consigo cuando sale en la bicicleta, y con la idea de enviar a su autor ese texto por correo electrónico.
Después de Martina y el episodio oaxaqueño, su retorno a la vida normal que le había impuesto su autor, es decir, fuera de las actividades criminales que ejerció en narraciones anteriores, inició con dos sucesos paralelos, para él significativos en cuanto estarían relacionados con lo que iba a pasar en el país más tarde. El primero que se cuenta, lo puso cara a cara con la pobreza extrema. No que la ignorara o que hubiera sido inconciente de su realidad (como algunos en su círculo de amistades), sino que esta ocasión se le ablandó el corazón en forma tal que su mismo autor se preocupó de tan constrito que le vio después de aquel episodio.

jueves, septiembre 14, 2006

El pato macho 6. Malpaís


Durante toda su vida, el instinto ha sido su brújula. Roger se desplaza por el mundo como un animal siempre con hambre, alerta, violento y en celo. Su habilidad para interactuar con los demás le facilita el camino, aunque nunca sea en una dirección socialmente aceptada. De esto se lamenta en ocasiones, aunque muy por lo bajo y sobre todo cuando está en la regadera. Trata de no recriminarse pues considera que la culpa es una debilidad del carácter, pero valga decir que a pesar de que hoy juega a ir enmascarado (pues su autor lo obliga a representar un personaje bloggiano) en la vida real es un ladrón experto, amén de ser el protagonista de varios corridos y narraciones que glosan sus aventuras, las más de ellas inmorales. Hoy permanece a la expectativa y no sabe (ni su autor tampoco) qué va a ser de él mañana, en tanto quehacer diario.

miércoles, septiembre 06, 2006

El pato macho 5. Bicicletas Martínez.


http://www.oaxaca-mio.com/bicicletaspedromartinez.htm

Roger dijo que extrañaba su Trek. "La Giant que vas a usar", le aseguró Pedro, "es una gran máquina". Y no mentía. Le sacó provecho a razón de 30 kilómetros diarios y la bicla enterita, los cambios suaves, estable, fuerte, ligera y roja. No le costó más de dos pedalazos encariñarse con ella.
Hizo las rutas que Pedro le aconsejó. Tuvo un momento gozoso cuando entró a Arrazola por el lecho del río. De trecho en trecho y en direcciones caprichosas haces de luz solar invadían la penumbra de un túnel de carrizos de varios centenares de metros y caían en el cauce seco como lunares exquistos. Pedalear en la arena era muy difícil y se cayó varias veces en el suelo blando, riéndose como cuando de niño jugaba a solas. Invadió sin saberlo el patio trasero de la casa de unos artesanos, a quienes compró un alebrije de madera y formas alucinantes, como un sapo de Yagul pero flaco y multicolor, que se asoleaba en el asiento de una silla. Siguió el camino hasta Cuilapam, donde se entretuvo en los campos al sur del poblado, recorriendo las pirámides escondidas entre las milpas.
Otro día desayunó una empanada de mole verde en Tule y pedaleó, vía Güendulain, hasta Tlacochahuaya primero y en seguida hasta Teotitlán del Valle, pasando por Xochiquetzal donde se cruzó con un entierro: coheteros, banda de platillo, bombo y metales, el sacerdote, el ataúd, las plañideras, la familia acongojada y en la retaguardia los varones del pueblo, cada cuál con una botella en la mano y empinando el codo cada tres metros. Por el rumbo de Atzompa, al noreste del valle, rodando en la Giant, encontró el rancho que era justo igual al de sus sueños y lo bautizó como Las codornices, por el número de estas aves que encontró en el sitio.
No tuvo mejor día que otro durante esas vacaciones, cuando deshacerse de Sasha fue la invitación al viaje. Y la culichi nunca se enteró que Roger se olvidó de ella cuando un joto lo abordó en la Alameda oaxqueña. Su intención era llevárselo a la cama (se lo dijo directa y seductoramente: "te hago un oral rico"), pero nada le favorecía al feíto de Tepozcolula, ni el ánimo deRoger ni el antecedente de que hubiera sido la reina gay de Oaxaca un año antes, le presumió moviéndose como muchacha mixteca. Pero cuando le comentó que su nombre era Sasha, Roger casi se atraganta de risa. "Gracias, mi gay", le dijo mesándole el pelo y casi lo besa del puro gusto, porque de repente, all about Sasha, ¡pop!

martes, septiembre 05, 2006

Entre Cuilapam y Zaachila en bici

lunes, septiembre 04, 2006

El pato macho 4. ADO Reprise.


Antes de conocer a Martina, Roger estuvo liado con Sasha, una culichi que lo tuvo muy entretenido durante algunos años. Ella hizo con él lo que quiso y Roger feliz, hasta que la norteñita descubrió el potencial erótico del yoga. Como nuestro amigo nunca quizo aprender la técnica hindú, Sasha, sin piedad alguna, lo cambió por otro a quien los bija mantras sí le excitaban en la cama.
Con su orgullo de pato macho todo roto, Roger decidió tomarse unas vacaciones y pensó en ir a Oaxaca, donde alguna vez entendió que México no era meras imaginaciones imposibles sino una suma de voluntades tan vivas como la suya y, sobre todo, que el mundo no se había creado cuando él nació. Desde entonces, la historia y la costumbre lo conformaban en la misma medida que los propósitos inacabados y los objetivos concretos, todos bajo un mismo nombre.
Tomó un autobús a la capital oaxaqueña como en sus días de universitario cuando a la menor provocación se iba a San Lázaro y de ahí a la costa, al itsmo o a los valles centrales. Eran los días en que tarareaba como su epígrafe diario la rola ADO de Three souls in my mind. Durante años recorrió el estado, arrogándose un derecho de pertenencia que decía le otorgaba tener dos abuelos nacidos en esa tierra. Sabía que tenía familia en la capital, pero nunca la visitó.
A no ser que esté muy enamorado, Roger prefiere viajar solo, aunque durante el viaje extrañe mucho a todo el mundo. Y así fue este diciembre pasado. Sin Sasha e inseguro, Roger se dijo Oaxaca, y por supuesto no pensó en tomar un avión ni en irse en su taurus: ADO, obviamente.
En el camión le tocó que un cardiólogo se sentara en el lugar contiguo (su profesión la supo porque el hombrecillo abordó el vehículo sosteniendo una conversación telefónica explícitamente autobiográfica). Al principio se cayeron mal, por culpa de Roger que estaba irritable como consecuencia de una cruda de cocaína, pero también, hemos de ser justos, porque el doctor cooperó con su impertinencia a fomentar la guerra fría. Como Roger no estabeció "una química inmediata" con el médico se puso sus ipod y se sumió en sus dolores, bufando de vez en cuando para evidenciar su incomodidad.
Cuando llegaron a Tehuacán las cosas cambiaron. El doctor comentó en voz alta la belleza primigenia de aquel valle y acto seguido le preguntó a bocajarro a su vecino qué pensaba de la piratería. Roger se encantó con el tema: "¿Se refiere usted a la que se llevaba a cabo desde Mompracem o la tepiteña de hoy en día?", preguntó enseñando los colmillos. El cardiólogo sacó de su bosillo una pachita con whisky: "¿Sabía usted que Salgari se abrió el vientre con un cuchillo? Como Mishima. Pero dejemos a los suicidas para después, porque antes me gustaría saber qué piensa usted de un hombre que acaba de comprar 50 películas pirata". Hablaron de economía y moral y otras cuestiones que el whisky fue enlazando.
El doctor lo puso al corriente del chisme político oaxaqueño: los abusos de Murat, sobre todo después del autoatentado, habían colmado la paciencia local y la imposición de Ulises había llevado las cosas al punto de la revuelta. "Le robaron a Gabino la elección en nuestras narices. A los muy cabrones quesque también se les cayó el sistema, pero al mismo tiempo igual se les cayó el teatrito. Usted nomás acuérdese de mí... esto apenas comienza". Compartieron el último trago de whisky y antes de bajar del transporte, el galeno le contó que el gobernador Ruiz había mandado talar algunos árboles del jardín central. Roger tuvo un acceso de gastritis súbito. Antes de ir a su hotel, fue a la alameda a comprobar los daños pero entre tanto árbol no distinguió la diferencia, pero eso no hizo las cosas distintas.

Desviación de Monte Albán a Arrazola

viernes, septiembre 01, 2006

El pato macho 3. Catedral Metropolitana



Roger está recargado con su bicicleta en la reja que custodia el portal oriente del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. A pesar de que es de noche, hay música y el ambiente es festivo. La luz es suficiente para que Roger pueda leer a Epicteto: "No es razonar con coherencia decir: "Soy más rico que tú, por lo tanto soy mejor que tú; soy más brillante que tú, entonces soy superior a ti". Para razonar más coherentemente es preciso decir: "Soy más rico que tú pues mis bienes son mayores que los tuyos; soy mas brillante que tú pues mis discursos tienen mayor valor que los tuyos" Ya que tú no eres, ciertamente, ni riqueza ni elocución."
Roger es hijo de la clase media. Sus padres, burócratas esforzados, dícense hijos de "buenas familias" de burócratas de la primera generación posrevolucionaria, hijos a su vez de la clase media que surgió durante el último porfiriato, envidiosa de las clases altas que se pavoneaban en los salones del Castillo de Chapultepec. El aburrido devenir de la clase media, estúpida y fantasiosa. Roger no está muy seguro de lo que pasa a su alrededor: el plantón perredista lo perturba. Tiene un escalofrío, la noche es lluviosa, y todo sucede demasiado rápido y a esas horas de la madrugada habitualmente no se siente seguro de lo que dice y piensa.
Los padres y hermanos de Roger comulgan con la derecha. La familia está inscrita en la tipología inexistente que describe a los colonos del noroeste de la cuenca de México. Todos los hermanos estudiaron en universidades particulares, menos Roger que después de dos años decidió que no le interesaba la carrera que estudiaba en la Universidad de las Américas, tiró al basurero de su pasado la inversión hecha por sus padres, y se inscribió en Lenguas Grecolatinas en la UNAM. En el marco de esa tipología inédita, por supuesto él es el hermano hippie de carrera trunca, a quién se señala como la oveja negra, el excluido de los beneficios de la modernidad neoliberal, el outsider por la gracia de su debilidad y de sus adicciones. Todo cuadra a la perfección en el esquema. Las hermanas casadas con pujantes hombres de empresa, el hermano publicista con un futuro positivo al lado de su mujer inglesa, las familias políticas: inmejorables. La paradoja es que ninguno de ellos existe, ni Roger, a quién un autor inventa para que sea su corresponsal en esa línea de fuego casi mojado que es la historia mexicana aunque, también gracias a ese mismo hacedor, guarde un secreto y sea más exitoso de lo que nadie imagina. Hoy permanece en guardia a un costado del zócalo, a la sombra de los muros del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
Lee las palabras del frigio: "Acuérdate que eres actor en una obra teatral, larga o corta, en que el autor ha querido hacerte entrar. Si él quiere que juegues el rol de un mendicante, es preciso que lo juegues tan bien como te sea posible. Igual, si quiere que juegues el rol de un cojo, un príncipe, un hombre del pueblo. Pues eres tú quien debe representar el personaje que te ha sido dado, pero es otro a quien le corresponde elegírtelo. "
Cada vez que Roger se reúne con su familia sale enfadado, le decepcionan las ideas políticas de sus consanguíneos. "En estos días has desempolvado tu morral, ¿verdad, brother?" le dijo su hermano días antes en referencia a los acontecimientos políticos. Roger estudió en una universidad pública y por este rasgo diferente sus hermanos se chancean de él. Roger les contesta acorralado que todos ellos son unos ignorantes y que pasan años sin que lean un libro. "Es más", y los señala airado con el dedo como si fuera un juez fundamentalista, "cuando viajan sólo lo hacen a Vallarta o a Berlín y todos los fines de semana a la casa de Malinalco. No está mal que viajen a sus lugares preferidos y menos que tengan dinero con qué hacerlo, sino que teniendo capital para viajar a placer por todo el mundo desperdicien la oportunidad de conocer su patria palmo a palmo y encima de todo se enorgullezcan de ello: ¿para qué ir a San Luis, a Oaxaca, a Chiapas o a la sierra, en eso lugares no hay hoteles decentes y sí más inseguridad que en Mazarik al mediodía?". Hoy todos hablan de la inseguridad pública y no ven la viga en el ojo propio. La clase media ignora cómo es el país por el que dice que trabaja y en donde viven las decenas de millones de inútiles a quienes tanto menosprecia. Roger vuelve a consultar a Epicteto: "El deber se mide, en general, por las relaciones en las que encontramos nuestro lugar. ¿Tu hermano es injusto? Conserva, no obstante, respecto de él, tu rango de hermano, y no mires lo que él hace, sino lo que Tú debes hacer, y el estado en que encuentras tu libertad, mira si haces lo que la naturaleza quiere que hagas. Pues otro no te ofenderá, ni te herirá nunca, si tú no lo deseas, no serás herido sino cuando tú creas serlo."

martes, agosto 22, 2006

El pato macho 2. Música y campamentos.


El fin de semana fue un infierno para Roger. El sábado salió con Nené, la haitiana a quien conoció la tarde anterior en el parque en forma muy a la antigüita, pues no solamente eran las cinco de la tarde sino que hasta circulaban en sentidos contrarios alrededor del kiosko porfiriano. Con ella decidió lavar el despecho de Martina, y lo lavó y restregó hasta que le pidieron piedad; entonces se detuvo. Mientras la antillana, que en algo le recordaba a Josefina Beauharnais, le platicaba sobre un primo a quien sus enemigos habían convertido en zombie, Roger estuvo marcando una y otra vez el número de Martina sin recibir respuesta. El domingo, Martina siguió sin aparecer y Roger se cansó de buscarla. Entonces el lunes tomó su bicicleta y salió a rodar como buen rocanrolero.
A pesar de que tiene al cuarteto no. 1 de Smetana en el top de sus hits, sus gustos musicales deambulan entre el barroco y el rocanrol. A Roger se le puede encontrar escuchando tanto al Million Dollar Quartet interpretar Solamente una vez de Agustín Lara (a todo mundo dice: hay que oír a Elvis Presley y a Johnny Cash cantar esa sacarosa sacarina) como al Cuarteto Latinoamericano de Cuerdas disertar con sapiencia sobre Chávez o Contreras, o a Going to California de Led Zeppelin en la versión para la BBC como a las lieds de Richard Strauss interpretadas por Jessye Norman. Como su alma es blusera, la melancolía es la espada de Damocles de sus juicios y comentarios; por eso dice que no hay mejores rocanroles que los bachianos.
Y para Roger la bicicleta es una forma de rocanrolear muy barroca, por lo que antes de montar en su Trek fuma un cigarro de mariguana, recoge un estribillo cualquiera de su memoria (no usa ipod con la bicicleta) y sale a vagar sin rumbo fijo por la ciudad, las manos enguantadas y casco en la cabeza. A veces lleva pantalón kakhi largo, a veces corto, siempre beige y una polo blanca, su mochila azul marino en la espalda y adentro, cuando no la trae puesta, su chamarra puma azul con blanco, además de herramientas y otros instrumentos. Los zapatos converse negros. Una cosa es cierta, le gusta verse reflejado en los cristales de los edificios y se sonríe con simpatía cuando puede observar su imagen; ha identificado dos sentimientos que le provoca el hecho de mirarse: ternura y burla. Y quienes alcanzan a verlo sonreírle a su imagen, se divierten mucho.
Roger se pasea por el centro de la ciudad. Las carpas y las tiendas de campaña, los campamentos lopezobradoristas, encienden sus ánimos políticos. No sabe en qué sentido pensar, se siente arrinconado, él pertenece a todos, no quiere ser de ninguno, pero una violencia interna lo arrastra hacia donde late su corazón. Pero la razón debe imperar... y el orden. Exclama en voz alta: ay, el orden. Roger sufre porque no tiene argumentos para dirimir la batalla entre sus juicios y sus sentimientos. Y no sabe cuál de ellos sea el correcto. El país también está en ascuas, cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Y también sabe que nada va a pasar en el corto plazo, está más que a la vista que la historia es para leerse hasta después de mucho tiempo. Roger siente el cosquilleo dorsal y el lagrimeo propio de las emociones profundas, cuando el nudo en la garganta impide razonar y se actúa con los ojos cegados por las lágrimas, que en ocasiones pueden ser de ira.

lunes, agosto 14, 2006

El pato macho. Martina.

El pato macho (jazz a la italiana)
El amor es una flor bellísima que se recoge en el borde del precipicio
Stendhal
Roger cae en un charco inesperado. Se mira las piernas enlodadas. El enojo hace que pedalee su bicicleta con más energía y sube con facilidad la cuesta de la loma de tepetate poblada de nopaleras y mezquites; cuando alcanza la cima, en la hondonada del lado opuesto descubre una hacienda blanca como sus ansiedades. Ay, qué tiempos son estos, señor don Simón, tararea, y analoga con ironía el casco de la mansión campirana con una escenografía de las tandas de Cachirulo, telón que por alguna razón le viene a la memoria. La sonrisa se le borra de los labios cuando lee un letrero que prohíbe estar donde descansa con su bicicleta, y advierte que al sitio lo cuida una jauría de perros negros de hocico pardo. Unos ladridos lo ponen en marcha, más bien en fuga, y se traga a toda velocidad la vereda que se pierde entre los magueyes. Un burro rebuzna, a Roger le parece una carcajada. Y de pronto, tras un recodo del camino, al borde del precipicio, recostada en un césped onírico debajo de un sauce llorón cuyas ramas la acarician, rodeada por los holanes de su falda, descubre a Martina escuchando música en sus audífonos. Roger reconoce la emoción que lo recorre y un ácido le quema el esófago. Las nubes panzonas que dan los volúmenes, los aromas densos que inundan el campo y el color casi ateniense del cielo le recuerdan un lienzo del doctor Atl, y para distraer la desesperación de saberse de nuevo enamorado, trata de recordar el título, pero no puede. De nuevo ha olvidado todo. A su vez, Martina descubre su presencia, le mira las piernas con sorna, le sonríe como si lo conociera de varias vidas atrás, y como una gata que se despereza de su ensueño, se quita los audífonos; y a Roger se le para.
De rodillas, Martina besa el ombligo del hombre. Sus miradas sudan mientras se enlazan en la media distancia. “Qué peludote”. La mujer lame el vello que se proyecta hacia todas partes mientras se pellizca los pezones. El hombre le mira la rugosidad de sus aureolas, imagina que naricea su textura y se excita terriblemente. Martina se da un respiro y suspirando clava sus ojos verdes en los negros de Roger. Qué beso tan largo sin que sus bocas se toquen. Martina lentamente desabrocha el cinturón y abre la cremallera. Polifemo salta mitológicamente y en el ojo un diamante. Martina abre la boca y Roger descansa en su lengua. Le acaricia la nuca. “Vas a ser mi perra.” Martina, húmedos los ojos por el esfuerzo de mantener la lengua dura, asiente. “Y una perra obediente y presta a satisfacer a su macho”. Martina deja escapar un gruñidito humilde. Tomándola del pelo como si fuera la cola de una yegua, Roger la penetra por la boca un tanto salvajemente, eyacula y antes de haber terminado del todo se hinca para mirar a los ojos a su amada. “Martina, no me lo cobres luego.” Y ella le lame las lágrimas y ambos se comen las lenguas.
Roger no da crédito a lo que está pasando. Martina se ha vuelto loca. Lo cabalga como una posesa y babea como rabiosa. Y lo mejor de lo mejor es que él acaba de descubrir que su mujer es capaz de cambiar de máscaras con la misma rapidez y naturalidad con las que una máquina Ferrari hace los cambios de velocidades. Algo así, compara, como fornicar con cinco mujeres al mismo tiempo y pasar de segunda a quinta y de tercera a primera sin tronar la caja y sin lastimar los sentimientos de la cuarta, si la ignora. La sorpresa lo tiene feliz, cuando Martina hace el amor le afloran múltiples alter egos interconectados. Le da una bofetada, “quiero que te duela”. Y Martina se deja caer con fuerza y se queja con un aullido, “me duele papi, no por favor, me lastimas”. Le saltan las lágrimas y un relámpago de dolor, de ese que de veras asusta, le cruza la cara y los ojos le estallan. “Déjame zafarme, por favor no, duele mucho papi” e implora que la deje ir, que ya no la obligue, mas ella se clava sola, sin piedad, con energía diabólica. Otra bofetada, “ahora goza como una ramera”. En un instante, del dolor sadeano que experimentaba se yergue magreándose los senos, borracha, su lengua se mueve con la misma lubricidad con que exhibían las suyas las cortesanas del templo de Baal y le comienza a hacer un trabajito a su macho, quien ahora pide piedad pues siente que revienta. Con las piernas en ve capitular, Martina clama, “goza, rey, goza. Tienes una vergota tan rica y caliente. Mueve tu nabo dentro de mí, rey, haz que me venga en cascada, entiérramela toda.” Y el cabeceo hace que su baba le escurra más larga y se le enrede en el cabello como una telaraña, ya moquea y los ojos son los de Lilith y de nuevo el pecado del fornicio lleva a Roger al orgasmo. Pero nuestro héroe no ceja ni baja la cabeza, al contrario, presto y apuesto entra en la boca donde es amo y señor y con otra bofetada le ordena a su mujer: “canta”. Y aferrada al mástil, Martina alcanza notas que ni la Tebaldi soñó que pudieran emitirse, Roger tiene que usar tapones de cera para que aquesta sirena no le reviente los tímpanos. Los colores que armoniza esa garganta, la melodía que acuna ese cuello, calman al león y hacen que se adormezca por un instante. Pero la pirueta traviesa de una lengua, le trae de nuevo a este mundo. Un nuevo cachete y una ocurrencia pasajera: “eres una beata en éxtasis”, la mujer se abandona y cae en un trance profundo, además, la máscara inédita hace que Martina salive pavlovianamente, casi un Orinoco. Aferrada a la carne de su amado, el cuerpo de Martina quiere desprenderse, ya levita pero Roger la domina y se acomoda detrás de su querida. Los fluidos gotean, las palabras toman el control del acto, “las colas lanceoladas de los diablos, los rizos ambarinos de los ángeles, las lengua de fuego de la espada, los tronos que originan el pecado, los ejércitos desbandados de las potencias ebrias... ay mi dios, qué hice yo para perderte, del abismo, señor, sálvanos... in hac lachrymorum, Roger, in hac valle.”
Luego se levanta un muro de tristeza. Y la soledad comienza de nuevo a invadir la vida de ambos, como un largo atardecer de verano. Pasan meses juntos, amándose y perdiéndose en cada abrazo. El amor es sólo un instante del día, muy temprano por la mañana, cuando aún se duerme o la razón apenas comienza a despabilar el sueño. Luego viene la novela, porque después de esos momentos luminosos ya todo es memoria, un esfuerzo inútil de recuperar lo que casi fue real; entonces pisamos el terreno de la poesía en un intento patético por revivir un cadáver, un verdadero cadáver exquisito. ©

domingo, agosto 06, 2006

La crónica de mi silencio. Roger Fleur



Este mi jazz... A pesar de su fatuidad, Roger no pretende que este blog dé pie a un foro de discusión pues afirma que, al igual que su vida, no tiene tema ni objetivo concreto. No quiere escribir (ni yo creo que pueda enunciar dos seguidas) verdades trascendentes, y asegura que tampoco resolverá cuestiones vitales que den cauce nuevo a la filosofía o al arte. Y menos intentará hacer un diario (también yo espero que no resulte tan adolescente, pues para eso están sus amigos escritores, a quienes ya no ve ni quiere hablarles). Sabe que decir que estas notas serán parque para sus memorias o letra de su autobiografía sería tan mamón que ahuyentaría a cualquier lector que se asomara a ellas. Este mi jazz más bien se descubrirá a sí mismo, piensa, como una falsa crónica de su silencio, un espejo stendhaliano que refleje, a su manera, sus propósitos que cada vez descubre distintos.

Y es que a diario las vías se le presentan otras y a veces irreconocibles. Hoy por ejemplo, pasó el día tratando de olvidar. Es paradójico cuando lo que un escritor hace o pretende conseguir es dominar el tiempo, inventar el futuro o recuperar la memoria con el fin de proporcionar armas para lidiar con lo que se viene encima. Olvidar... Para eso, Roger se compró una bicicleta hace ya dos años. En estos días de su silencio, su gata, su Trek y su computadora son sus únicas compañías y sus tres amores. ¿Qué quiere olvidar? Bueno, recordarlo le lastima y le duele mucho, al menos eso dice el quejumbroso. Luego habrá tiempo para dejarlo escribir sobre el asunto, y entonces seguramente pecará de soberbia como el monje del medioevo que escribió plegarias idiotas encima de los tratados de hidráulica de Arquímides. “Ok, mi Trek. Hoy recorrí 30 kms y me cansé lo suficiente para olvidar un rato, pero tengo que esforzarme más para no seguir repitiendo su nombre.”