El pato macho 2. Música y campamentos.

El fin de semana fue un infierno para Roger. El sábado salió con Nené, la haitiana a quien conoció la tarde anterior en el parque en forma muy a la antigüita, pues no solamente eran las cinco de la tarde sino que hasta circulaban en sentidos contrarios alrededor del kiosko porfiriano. Con ella decidió lavar el despecho de Martina, y lo lavó y restregó hasta que le pidieron piedad; entonces se detuvo. Mientras la antillana, que en algo le recordaba a Josefina Beauharnais, le platicaba sobre un primo a quien sus enemigos habían convertido en zombie, Roger estuvo marcando una y otra vez el número de Martina sin recibir respuesta. El domingo, Martina siguió sin aparecer y Roger se cansó de buscarla. Entonces el lunes tomó su bicicleta y salió a rodar como buen rocanrolero.
A pesar de que tiene al cuarteto no. 1 de Smetana en el top de sus hits, sus gustos musicales deambulan entre el barroco y el rocanrol. A Roger se le puede encontrar escuchando tanto al Million Dollar Quartet interpretar Solamente una vez de Agustín Lara (a todo mundo dice: hay que oír a Elvis Presley y a Johnny Cash cantar esa sacarosa sacarina) como al Cuarteto Latinoamericano de Cuerdas disertar con sapiencia sobre Chávez o Contreras, o a Going to California de Led Zeppelin en la versión para la BBC como a las lieds de Richard Strauss interpretadas por Jessye Norman. Como su alma es blusera, la melancolía es la espada de Damocles de sus juicios y comentarios; por eso dice que no hay mejores rocanroles que los bachianos.
Y para Roger la bicicleta es una forma de rocanrolear muy barroca, por lo que antes de montar en su Trek fuma un cigarro de mariguana, recoge un estribillo cualquiera de su memoria (no usa ipod con la bicicleta) y sale a vagar sin rumbo fijo por la ciudad, las manos enguantadas y casco en la cabeza. A veces lleva pantalón kakhi largo, a veces corto, siempre beige y una polo blanca, su mochila azul marino en la espalda y adentro, cuando no la trae puesta, su chamarra puma azul con blanco, además de herramientas y otros instrumentos. Los zapatos converse negros. Una cosa es cierta, le gusta verse reflejado en los cristales de los edificios y se sonríe con simpatía cuando puede observar su imagen; ha identificado dos sentimientos que le provoca el hecho de mirarse: ternura y burla. Y quienes alcanzan a verlo sonreírle a su imagen, se divierten mucho.
Roger se pasea por el centro de la ciudad. Las carpas y las tiendas de campaña, los campamentos lopezobradoristas, encienden sus ánimos políticos. No sabe en qué sentido pensar, se siente arrinconado, él pertenece a todos, no quiere ser de ninguno, pero una violencia interna lo arrastra hacia donde late su corazón. Pero la razón debe imperar... y el orden. Exclama en voz alta: ay, el orden. Roger sufre porque no tiene argumentos para dirimir la batalla entre sus juicios y sus sentimientos. Y no sabe cuál de ellos sea el correcto. El país también está en ascuas, cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Y también sabe que nada va a pasar en el corto plazo, está más que a la vista que la historia es para leerse hasta después de mucho tiempo. Roger siente el cosquilleo dorsal y el lagrimeo propio de las emociones profundas, cuando el nudo en la garganta impide razonar y se actúa con los ojos cegados por las lágrimas, que en ocasiones pueden ser de ira.
Roger se pasea por el centro de la ciudad. Las carpas y las tiendas de campaña, los campamentos lopezobradoristas, encienden sus ánimos políticos. No sabe en qué sentido pensar, se siente arrinconado, él pertenece a todos, no quiere ser de ninguno, pero una violencia interna lo arrastra hacia donde late su corazón. Pero la razón debe imperar... y el orden. Exclama en voz alta: ay, el orden. Roger sufre porque no tiene argumentos para dirimir la batalla entre sus juicios y sus sentimientos. Y no sabe cuál de ellos sea el correcto. El país también está en ascuas, cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Y también sabe que nada va a pasar en el corto plazo, está más que a la vista que la historia es para leerse hasta después de mucho tiempo. Roger siente el cosquilleo dorsal y el lagrimeo propio de las emociones profundas, cuando el nudo en la garganta impide razonar y se actúa con los ojos cegados por las lágrimas, que en ocasiones pueden ser de ira.
