
Roger se estremeció cuando Juana de la Cruz apartó la maleza seca con gesto dramático y dejó al descubierto la entrada de la cueva. No solamente fue esa mezcla de alegría y tímida reverencia que suscita el reencuentro con la oscura boca de Leuké, la única potencia a quien Roger tiene en cuenta, sino que por encima de otro sentimiento recibió la ansiada caricia, el toque electrizante del misterio que calmó por unos momentos su inquietud (recordar que he can't get no satisfaction) al verse partícipe de un hecho reservado para quienes se afanan en perseguir su grial, "si hubiera alguien a quien rendir esta oportunidad, pero tú Señora, te muestras insensible a las emociones de tus hijos, oh Devoradora". Roger asió las ramas del huizache que Juana de la Cruz detenía para que Roger pasara y, caballerosamente, cedió el paso a la dama que en todo adelantaba a nuestro amigo, quien comenzaba a mostrarse humilde.
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