domingo, agosto 06, 2006

La crónica de mi silencio. Roger Fleur



Este mi jazz... A pesar de su fatuidad, Roger no pretende que este blog dé pie a un foro de discusión pues afirma que, al igual que su vida, no tiene tema ni objetivo concreto. No quiere escribir (ni yo creo que pueda enunciar dos seguidas) verdades trascendentes, y asegura que tampoco resolverá cuestiones vitales que den cauce nuevo a la filosofía o al arte. Y menos intentará hacer un diario (también yo espero que no resulte tan adolescente, pues para eso están sus amigos escritores, a quienes ya no ve ni quiere hablarles). Sabe que decir que estas notas serán parque para sus memorias o letra de su autobiografía sería tan mamón que ahuyentaría a cualquier lector que se asomara a ellas. Este mi jazz más bien se descubrirá a sí mismo, piensa, como una falsa crónica de su silencio, un espejo stendhaliano que refleje, a su manera, sus propósitos que cada vez descubre distintos.

Y es que a diario las vías se le presentan otras y a veces irreconocibles. Hoy por ejemplo, pasó el día tratando de olvidar. Es paradójico cuando lo que un escritor hace o pretende conseguir es dominar el tiempo, inventar el futuro o recuperar la memoria con el fin de proporcionar armas para lidiar con lo que se viene encima. Olvidar... Para eso, Roger se compró una bicicleta hace ya dos años. En estos días de su silencio, su gata, su Trek y su computadora son sus únicas compañías y sus tres amores. ¿Qué quiere olvidar? Bueno, recordarlo le lastima y le duele mucho, al menos eso dice el quejumbroso. Luego habrá tiempo para dejarlo escribir sobre el asunto, y entonces seguramente pecará de soberbia como el monje del medioevo que escribió plegarias idiotas encima de los tratados de hidráulica de Arquímides. “Ok, mi Trek. Hoy recorrí 30 kms y me cansé lo suficiente para olvidar un rato, pero tengo que esforzarme más para no seguir repitiendo su nombre.”