lunes, mayo 14, 2007

El destino


Roger vuelve por sus fueros. Estuvo ocupado porque su autor lo sacó de quicio llevándolo a desempeñar un cargo ejecutivo y él, siendo quién es y acostumbrado a nunca trabajar para otros sino con otros, hizo la gestión a su manera y salió de pleito con la dueña del lugar porque ella desconfió de él (“debió ser buena psicóloga al contratarme y no después”), cosa que lo puso furibundo. Para ser Roger, hemos de reconocer que no fue descortés al final del episodio, sólo la llevó a juicio e hizo que pagara lo que le debía y hasta un poco más. A ella le dolió hacerlo y él estuvo contento, dice Roger cuando lo platica, “para mí dejó de existir. Carajo, me cayó gorda sobre todo porque por su culpa durante un tiempo me sentí antisemita”. Y bueno, auque nada justifica el sentimiento, su arrebato no perjudicó a nadie, ya sabemos como es él y aceptémoslo de regreso.

Un día recibió un mail de Martina y por poco sufre un paro cardíaco. “La muy zorra, haciendo mil requiebros sintácticos y con toda la saña del mundo, me contó que cuando terminamos ya me estaba cambiando por otro... imagínate, me puso en la balanza al lado de un hijo de perra y lo prefirió a él, cuando mis huevos pesan más que los de cualquiera”, contaba a quien se encontraba en su camino y todo mundo le decía que no pensara en ello porque además hacía ya un año que había sucedido. Pero Roger se obsesionó con la idea de haber sido traicionado y al cabo todos le sacaban la vuelta para no escuchar más aquella su versión, que a muy pocos les parecía verosímil. Luego se olvidó de sus males de amor con Martina hasta que un domingo cuando andaba de solitario y romanticón, recordó y le envió, ahora a Sasha, un mensaje de texto por el celular. Ella le respondió: “Roger, por más que me esfuerzo no encuentro una razón que me haga querer verte, mucho menos volver contigo. No insistas más y déjame seguir mi vida que estoy enamorada de un buen hombre que en nada se parece a ti. Y el mes que entra nos vamos a vivir juntos”.

Para qué hacer la reseña de aquel domingo. Roger no es un enchílame otra así que la respuesta de Sasha lo puso como marciano con rabia y decidió joder. Cuando estaba a punto de perpetrar su venganza contra las dos caras del amor que le escupían, —¿de qué se vengaba siendo él como es?— recibió un telefonazo de un desconocido que lo invitaba a cenar esa noche. Roger olvidó todo y se lanzó a lo desconocido, que era lo que más le atraía en el mundo, aún más que el crimen o el amor.