El pato macho 3. Catedral Metropolitana

Roger está recargado con su bicicleta en la reja que custodia el portal oriente del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. A pesar de que es de noche, hay música y el ambiente es festivo. La luz es suficiente para que Roger pueda leer a Epicteto: "No es razonar con coherencia decir: "Soy más rico que tú, por lo tanto soy mejor que tú; soy más brillante que tú, entonces soy superior a ti". Para razonar más coherentemente es preciso decir: "Soy más rico que tú pues mis bienes son mayores que los tuyos; soy mas brillante que tú pues mis discursos tienen mayor valor que los tuyos" Ya que tú no eres, ciertamente, ni riqueza ni elocución."
Roger es hijo de la clase media. Sus padres, burócratas esforzados, dícense hijos de "buenas familias" de burócratas de la primera generación posrevolucionaria, hijos a su vez de la clase media que surgió durante el último porfiriato, envidiosa de las clases altas que se pavoneaban en los salones del Castillo de Chapultepec. El aburrido devenir de la clase media, estúpida y fantasiosa. Roger no está muy seguro de lo que pasa a su alrededor: el plantón perredista lo perturba. Tiene un escalofrío, la noche es lluviosa, y todo sucede demasiado rápido y a esas horas de la madrugada habitualmente no se siente seguro de lo que dice y piensa.
Los padres y hermanos de Roger comulgan con la derecha. La familia está inscrita en la tipología inexistente que describe a los colonos del noroeste de la cuenca de México. Todos los hermanos estudiaron en universidades particulares, menos Roger que después de dos años decidió que no le interesaba la carrera que estudiaba en la Universidad de las Américas, tiró al basurero de su pasado la inversión hecha por sus padres, y se inscribió en Lenguas Grecolatinas en la UNAM. En el marco de esa tipología inédita, por supuesto él es el hermano hippie de carrera trunca, a quién se señala como la oveja negra, el excluido de los beneficios de la modernidad neoliberal, el outsider por la gracia de su debilidad y de sus adicciones. Todo cuadra a la perfección en el esquema. Las hermanas casadas con pujantes hombres de empresa, el hermano publicista con un futuro positivo al lado de su mujer inglesa, las familias políticas: inmejorables. La paradoja es que ninguno de ellos existe, ni Roger, a quién un autor inventa para que sea su corresponsal en esa línea de fuego casi mojado que es la historia mexicana aunque, también gracias a ese mismo hacedor, guarde un secreto y sea más exitoso de lo que nadie imagina. Hoy permanece en guardia a un costado del zócalo, a la sombra de los muros del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
Lee las palabras del frigio: "Acuérdate que eres actor en una obra teatral, larga o corta, en que el autor ha querido hacerte entrar. Si él quiere que juegues el rol de un mendicante, es preciso que lo juegues tan bien como te sea posible. Igual, si quiere que juegues el rol de un cojo, un príncipe, un hombre del pueblo. Pues eres tú quien debe representar el personaje que te ha sido dado, pero es otro a quien le corresponde elegírtelo. "
Cada vez que Roger se reúne con su familia sale enfadado, le decepcionan las ideas políticas de sus consanguíneos. "En estos días has desempolvado tu morral, ¿verdad, brother?" le dijo su hermano días antes en referencia a los acontecimientos políticos. Roger estudió en una universidad pública y por este rasgo diferente sus hermanos se chancean de él. Roger les contesta acorralado que todos ellos son unos ignorantes y que pasan años sin que lean un libro. "Es más", y los señala airado con el dedo como si fuera un juez fundamentalista, "cuando viajan sólo lo hacen a Vallarta o a Berlín y todos los fines de semana a la casa de Malinalco. No está mal que viajen a sus lugares preferidos y menos que tengan dinero con qué hacerlo, sino que teniendo capital para viajar a placer por todo el mundo desperdicien la oportunidad de conocer su patria palmo a palmo y encima de todo se enorgullezcan de ello: ¿para qué ir a San Luis, a Oaxaca, a Chiapas o a la sierra, en eso lugares no hay hoteles decentes y sí más inseguridad que en Mazarik al mediodía?". Hoy todos hablan de la inseguridad pública y no ven la viga en el ojo propio. La clase media ignora cómo es el país por el que dice que trabaja y en donde viven las decenas de millones de inútiles a quienes tanto menosprecia. Roger vuelve a consultar a Epicteto: "El deber se mide, en general, por las relaciones en las que encontramos nuestro lugar. ¿Tu hermano es injusto? Conserva, no obstante, respecto de él, tu rango de hermano, y no mires lo que él hace, sino lo que Tú debes hacer, y el estado en que encuentras tu libertad, mira si haces lo que la naturaleza quiere que hagas. Pues otro no te ofenderá, ni te herirá nunca, si tú no lo deseas, no serás herido sino cuando tú creas serlo."
Roger es hijo de la clase media. Sus padres, burócratas esforzados, dícense hijos de "buenas familias" de burócratas de la primera generación posrevolucionaria, hijos a su vez de la clase media que surgió durante el último porfiriato, envidiosa de las clases altas que se pavoneaban en los salones del Castillo de Chapultepec. El aburrido devenir de la clase media, estúpida y fantasiosa. Roger no está muy seguro de lo que pasa a su alrededor: el plantón perredista lo perturba. Tiene un escalofrío, la noche es lluviosa, y todo sucede demasiado rápido y a esas horas de la madrugada habitualmente no se siente seguro de lo que dice y piensa.
Los padres y hermanos de Roger comulgan con la derecha. La familia está inscrita en la tipología inexistente que describe a los colonos del noroeste de la cuenca de México. Todos los hermanos estudiaron en universidades particulares, menos Roger que después de dos años decidió que no le interesaba la carrera que estudiaba en la Universidad de las Américas, tiró al basurero de su pasado la inversión hecha por sus padres, y se inscribió en Lenguas Grecolatinas en la UNAM. En el marco de esa tipología inédita, por supuesto él es el hermano hippie de carrera trunca, a quién se señala como la oveja negra, el excluido de los beneficios de la modernidad neoliberal, el outsider por la gracia de su debilidad y de sus adicciones. Todo cuadra a la perfección en el esquema. Las hermanas casadas con pujantes hombres de empresa, el hermano publicista con un futuro positivo al lado de su mujer inglesa, las familias políticas: inmejorables. La paradoja es que ninguno de ellos existe, ni Roger, a quién un autor inventa para que sea su corresponsal en esa línea de fuego casi mojado que es la historia mexicana aunque, también gracias a ese mismo hacedor, guarde un secreto y sea más exitoso de lo que nadie imagina. Hoy permanece en guardia a un costado del zócalo, a la sombra de los muros del Sagrario de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
Lee las palabras del frigio: "Acuérdate que eres actor en una obra teatral, larga o corta, en que el autor ha querido hacerte entrar. Si él quiere que juegues el rol de un mendicante, es preciso que lo juegues tan bien como te sea posible. Igual, si quiere que juegues el rol de un cojo, un príncipe, un hombre del pueblo. Pues eres tú quien debe representar el personaje que te ha sido dado, pero es otro a quien le corresponde elegírtelo. "
Cada vez que Roger se reúne con su familia sale enfadado, le decepcionan las ideas políticas de sus consanguíneos. "En estos días has desempolvado tu morral, ¿verdad, brother?" le dijo su hermano días antes en referencia a los acontecimientos políticos. Roger estudió en una universidad pública y por este rasgo diferente sus hermanos se chancean de él. Roger les contesta acorralado que todos ellos son unos ignorantes y que pasan años sin que lean un libro. "Es más", y los señala airado con el dedo como si fuera un juez fundamentalista, "cuando viajan sólo lo hacen a Vallarta o a Berlín y todos los fines de semana a la casa de Malinalco. No está mal que viajen a sus lugares preferidos y menos que tengan dinero con qué hacerlo, sino que teniendo capital para viajar a placer por todo el mundo desperdicien la oportunidad de conocer su patria palmo a palmo y encima de todo se enorgullezcan de ello: ¿para qué ir a San Luis, a Oaxaca, a Chiapas o a la sierra, en eso lugares no hay hoteles decentes y sí más inseguridad que en Mazarik al mediodía?". Hoy todos hablan de la inseguridad pública y no ven la viga en el ojo propio. La clase media ignora cómo es el país por el que dice que trabaja y en donde viven las decenas de millones de inútiles a quienes tanto menosprecia. Roger vuelve a consultar a Epicteto: "El deber se mide, en general, por las relaciones en las que encontramos nuestro lugar. ¿Tu hermano es injusto? Conserva, no obstante, respecto de él, tu rango de hermano, y no mires lo que él hace, sino lo que Tú debes hacer, y el estado en que encuentras tu libertad, mira si haces lo que la naturaleza quiere que hagas. Pues otro no te ofenderá, ni te herirá nunca, si tú no lo deseas, no serás herido sino cuando tú creas serlo."
