Alberto Piug
Como el amor, la muerte es una experiencia común a todos.
La transparencia debe ser la condición predominante en el estado de la muerte.
Hace unos día ví morir a mi amigo Alberto Puig.
Sus últimas horas, las que pasé a su lado asistiéndolo, provocaron, luego del final, una marea negra que inundó todos los aspectos de mi vida; este es el motivo de estas letras. Creo que escribiendo drenaré hasta donde sea posible mi melancolía.
Por que es verdad que la tristeza del alma, el humor saturnino, es como una pus del espíritu.
Alberto. Lo conocí hace treinta años en una exposición de automóviles.
No recuerdo que fue lo que nos llevó a hablarnos, pero minutos después de conocernos nos subimos a su volkswagen y mientras él maniobraba para salir del estacionamiento, yo encendía un cigarro de mariguana. En el autoestéreo ya sonaba un caset de Led Zeppelin, música que ahora irremediablemente quedará unida a su recuerdo.
Ni modo; al parecer relacionar objetos, lugares, música, comida, con los difuntos es una ligadura que automáticamente se establece en la memoria.
Poco después de habernos conocido, Alberto me llevó por primera vez a comer hongos alucinógenos. En cierto sentido, lo que "aprendí" en esa primera experiencia, conocimiento que se afianzó en todas mis experiencias alucinógenas posteriores, tuvo su realización el día de su muerte y en la manera en la que murió mi amigo.
San Pedro Tlanisco, donde comíamos hongos, fue nuestro Eleusis; ahí aprendimos lo mismo que los griegos en aquél santuario a extramuros de Atenas: se nos develó el misterio de la muerte.
Y como a los griegos, a los iniciados la experiencia se nos está, por decirlo de alguna manera, prohibido repetir a los legos; pero la cruda verdad es que lo que se ve y se entiende es inenarrable. La visión tiene la condición del sueño; en la conciencia se desvanece y la memoria la transforma en anécdota.
La muerte de Alberto fue muy violenta. Murió en su cama, por su voluntad sin asistencia médica. Era psiquiátra, como médico sabía lo que le esperaba si no recibía la mínima atención calificada; pero él lo quiso así y se cumplió su voluntad. Murió rodeado de sus hermanos y amigos; nos sometió a la cruel experiencia de verlo agonizar y nopoder hacer nada más que limpiar la sangre y todos los líquidos y secresiones que le salían por todos los orificios del cuerpo.
